De cuarentena en Alicia

El aislamiento obligatorio fue la circunstancia que hizo que Leo, como todos le dicen, esté en Alicia desde hace varios días. Les compartimos esta nota tan especial donde nos cuenta su historia.

En “Nosotros y la mañana”, programa que conduce Horacio “Lacho” Marshall de 9 a 12 horas, tuvo lugar una comunicación telefónica muy especial. La singularidad de esa charla está dada, quizás, por la persona con la que habló, o las circunstancias de esa persona, o la historia tan enriquecida de experiencias, que al ciudadano común nos parecen lejanas, y que nos deslumbran en aquellos individuos que han vivenciado cosas muy diferentes a las conocidas. O quizás sea un conjunto que reúne todo eso y que se ve aún más fascinante porque se trata de alguien que, como pocos, primero piensa en el prójimo, al punto de hacer de su vida una entrega permanente, donde Dios es su guía.

Se trata de “Leo” Ortíz, simplemente Leo, o no tan simplemente. El seminarista cubano, como lo identifican en el pueblo, o el amigo del Padre Sergio, el que conoció en Cuba cuando el padre viajó a misionar durante seis años, pueden especificar aquellos que conocen un poco más la historia. La realidad es que todos lo conocen o escucharon de él. Es que Leo nos visita desde hace un tiempo y se dice a sí mismo que es “un hijo de Alicia” y parece que Alicia lo adoptó…no sólo en cuarentena. Hay 5 millones de cubanos viviendo fuera de la isla en todo el mundo, y él nos honra al sentir pertenencia con nosotros. Digo “nosotros” porque habla de la “hospitalidad y familiaridad” con que ha sido tratado por “el pueblo”, que son sus habitantes en definitiva. Entonces podemos afirmar que se siente uno de los nuestros.

En ésta oportunidad, en que se encuentra en nuestro pueblo, fue por pedido del Obispado, por ser paciente de riesgo, a transitar los días de aislamiento. Nos comenta que tiene jornadas de estudio intensivas, considerando que cursa el sexto año de preparación para convertirse en sacerdote, que en compañía del Padre Sergio realizan las oraciones, colabora con cualquier movimiento solidario que se lleve a cabo por éstos días, y desde donde pueda colaborar y además expresó que está a disposición de quien lo necesite, las 24 horas, como dice que es su servicio hacia los demás.

Leo habla con simpleza, pero no de simplezas. Como dijimos, nació en Cuba, en un pueblo azucarero llamado Chaparra, un poco más grande que el nuestro. Su abuelo de Galicia, España y su abuela del Líbano, fueron quienes llegaron como inmigrantes a la isla. Es el hijo menor de su padre, fallecido en 2017, y único hijo de su madre, residente en Cuba. Tiene tíos en Estados Unidos, quienes emigraron allá por 1959/1960, durante, lo que dice “mal llamada”, la revolución cubana. Se fueron para ya no regresar, como muchos otros cubanos que debieron despedir su tierra natal por un régimen totalitario que censura cualquier libertad desde hace décadas. Considerando la situación de cuarentena, nos explica que allí todo es más difícil. No hubo decisiones acertadas en un principio y ahora, con una economía quebrada, sólo alimentarse es una odisea. Cuando llega algo de comida y las personas van a adquirirlo, deben casi pelear por obtenerlo.”Es como tirarle el hueso a un perro”, asegura Leo, cruda y estremecedoramente.

El gobierno no cede ante nada, ni siquiera para asistir al pueblo cubano durante una emergencia como lo es una pandemia, aunque afortunadamente allí, tu vecino es tu familia. Parece increíble pero real, que en una sociedad tan castigada, y obligada a vivir con menos de lo necesario, la gente sonríe, canta, baila, son cálidos, alegres y solidarios por experiencia…tanto que una navidad se pasa con once familias, como la última de Leo en “su” isla. Si puedo disponer de unas líneas en esta nota que trato de detallar a más no poder, diré que, escuchándolo, entendí que los argentinos no sabemos mucho de “familia” como creíamos, que muchos estaban limitados al vínculo sanguíneo, y que no podríamos sobrevivir en Cuba, porque allá no se quejan, porque sobreviviendo saben vivir. Siento que nosotros no aprendemos a vivir cuando debemos sobrevivir. “Aquí hay abundancia”, nos dice, al referirse a Argentina, aquí hay opciones para proyectos de vida, “hay libertades para decir lo que se piensa, los jóvenes hacen lo que quieren con su libertad. Ese futuro mejor, que cualquier persona puede anhelar, no está en Cuba para los jóvenes”. Aquí Leo nos cuenta que él es profesor de arte, que dio clases allí, que estudió abogacía, pero que, ante la invitación de la familia del Padre Sergio, precisamente de su hermano Pablo Fernández, pudo venir a nuestro país a construir ese proyecto de vida deseado.

Con unos 24/25 años decidió venir a esta tierra nueva para él. Vivió en Córdoba capital con los padres del Padre Sergio, trabajando de cocinero, aprendiendo a hacer lomitos y milanesas. Luego, vivió dos años en Miramar, lugar donde realizó el discernimiento para ingresar al seminario. Leo nos explica que ese discernimiento, acompañado por un sacerdote, consta de un año introductorio, previa entrevista con el Obispo, para definir, luego de ese tiempo, si ese será el proyecto de vida elegido en atención al llamado de Dios, que inquieta, a veces molesta, nos comenta, pero que al abrirse a la Palabra, al atender ese llamado persistente que lo movilizaba, entendió que debía redireccionar el curso de su vida.

“Decides tu vocación, allí donde Dios te quiere feliz”. Con ésta frase supe que sólo una persona simple que experimentó complejidades, puede resumir, en tan pocas palabras, el sentido máximo de cualquier proyecto: aquello donde vivimos felices, aquello que nos hace felices. Desde la felicidad de abocarnos a una tarea por el otro, sólo puede devenir el bien. Y desde el bien, todo es posible.

Así es que Leo, “nuestro” seminarista cubano, un 3 de marzo de 2015 ingresó al Seminario “Buen Pastor” de Río Cuarto. Hoy se encuentra cursando en Córdoba Capital…claro, desde Alicia.

Nos comentó también de su primer llamado de Dios. Relató que allá, en Cuba, un 13 de julio de 1976, día del patrono de su pueblo, San Antonio de Padua, y día de su Primera Comunión, lo llamaron para ser monaguillo, hecho que selló su vida para siempre con Jesús. Con ese Jesús amigo, que lo acompañó y acompañará toda su vida. También recordó lo que fue una inspiración para él, siendo un niño de 10 u 11 años, y nos cuenta de un cura muy alegre que atendía a los mayores y a los necesitados…allí, en la isla en la que ni siquiera a través de la Iglesia se puede ser solidario libremente.

Como verán la charla fue extensa, pero parecieron escasos minutos. Enriquecida por las experiencias que nos compartió, por la invitación que hizo a todo aquel que vaya a Cuba de vacaciones, a conocer “al cubano de a pie”, a aquel que van a encontrar fuera de los hoteles de 200 dólares diarios de los que sólo participa el gobierno, sin repartir ganancia alguna con el pueblo.

Y para finalizar la nota, voy a cerrarla con una mención muy especial que hizo Leo Ortíz, que tiene que ver con su madre, a quien quiere traer a nuestro pueblo (¡qué privilegio la elección!) para brindarle dignidad de vida. No que viva con mucho, que viva con dignidad. ¡Qué pedido tan sencillo para cualquiera de nosotros pero inmenso para ellos!. Los invito a unirse en oración, acompañando a nuestro querido seminarista, para reforzar esa petición y que todo fluya de tal manera que, la próxima charla, sea con la mamá de Leo.

Nueve años de formación en las dimensiones humanas, pastorales, intelectuales y espirituales son los que entregará para servir a otros. Habla de un momento difícil para la iglesia ante la imposibilidad de esa relación esencial que se establece con los fieles en el contexto de una misa, de la celebración de la eucaristía. Asegura que hoy es como “un pastor sin sus ovejas” y que hay que ser creativos para llegar a las personas comunicando el evangelio de diferentes modos.

“Mi vida es una misa prolongada” concluye, con la frase de San Alberto Hurtado y agradeciendo que todo el pueblo lo hizo sentir como un aliceño más. Desde nuestra emisora le decimos GRACIAS A TI, por tu relato tan honesto, tan humano, tan inspirador y tan fuerte por momentos, porque a través de él podemos entender realidades diferentes, podemos valorar lo mucho que tenemos y desde allí despojarnos, con la única finalidad que la de beneficiar a otro. Creo Leo que tu visita fue un envío divino en realidad. Viniste a abrir el corazón y los sentidos de una sociedad que se aisló para sí misma. Y aquí estás, enseñándonos que “no hay nada más bello que donar la vida por las personas a Dios”.

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