
Compartimos el fragmento de una crónica que detalla la antesala por la que se conmemora este día:
“Sarmiento no llegó a ver el amanecer de ese 11 de septiembre de 1888, pero su espíritu iluminó a una nación…
Diez días más tarde llegaba su cuerpo embalsamado a Buenos Aires, ciudad de la que se había despedido meses.
Pidió que lo acercaran a la ventana de su cuarto en Asunción del Paraguay, para ver la luz de la aurora antes que sus ojos se cerraran.
Después de eso, fue fotografiado. Ya estaba muerto, pero entonces se cumplía este rito de iconografiar al occiso. Quizás entonces quisieron capturar el alma que escapaba del maestro inmortal. Después tres médicos que lo atendieron procedieron a embalsamarlo.
Había que preservarlo de la corrupción para que llegase a Buenos Aires, a la tumba que lo esperaba y que el mismo Sarmiento había preparado con esmero.
Sabiendo de sus discrepancias con la Iglesia, había tomado la precaución de que -ante cualquier impedimento para ser sepultado en Buenos Aires- su cadáver fuese llevado a Chile, «donde no hay hombre ni mujer de 50 años que no haya aprendido a leer».
En Asunción se decretaron tres días de duelo. El presidente Escobar y sus ministros asistieron a despedirlo en el velatorio que se hizo en su casa.
Después de este rito fúnebre su cadáver fue acompañado con las honras militares hasta el vapor San Martín. El presidente de la Cámara de Diputados del Paraguay, Juan G. González, fue el encargado de acompañar el féretro hasta Buenos Aires.
Su descenso por los ríos mesopotámicos fue lento; en cada puerto una multitud salía a despedirlo. Eran sus alumnos, los que lo admiraban y ¿por qué no? sus enemigos.”
En 1902 Salvador Debenedetti, por entonces presidente del Centro de Estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, propuso esa fecha en que los restos de Sarmiento llegaron a Argentina como «Día del Estudiante», homenaje que recibió el visto bueno de las autoridades y pasó a generalizarse en la Argentina, un país que a pesar de disensos y controversias lo venera como ejemplo por «su pluma y la palabra».
