Día Nacional de la Zamba

Desde el sentido tradicional se toma precisamente la fecha del 7 de abril, porque ese día se inscribió en SADAIC la zamba que lleva por nombre “La 7 de abril”, hace más de 100 años. Su autoría se atribuye al santiagueño Andrés Chazarreta. Sin embargo, hay otras versiones sobre su autor, como que fue inscripta en 1911 por el tucumano Gómez Carrillo. 

La Secretaría de Cultura de la Nación en su sitio oficial se hace eco de esa historia, y menciona que el Día Nacional de la Zamba se estableció oficialmente el 29 de septiembre en homenaje al natalicio de uno de los “padres del folklore”,  Gustavo “Cuchi” Leguizamón.

Desde sus orígenes en la zamacueca hasta su florecimiento regional, con un protagonismo especial en la provincia de Salta, la zamba es mucho más que una danza: es una expresión de identidad, un diálogo amoroso y un legado artístico que perdura en el tiempo.

Origen e historia de la zamba: un viaje desde Perú

La historia de la zamba se entrelaza con la de otro baile tradicional sudamericano: la zamacueca. Originaria de Lima, Perú, a principios del siglo XIX, la zamacueca era una danza vivaz y pícara que rápidamente se extendió por diferentes regiones de América del Sur. Alrededor de 1825-1830, esta danza llegó a territorio argentino, echando raíces principalmente en las provincias del noroeste: Salta, Jujuy y Tucumán.

Con el paso del tiempo y la influencia de las costumbres locales, la zamacueca fue transformándose, adquiriendo características propias que la diferenciaron de su matriz peruana. 

Lentamente, emergió la zamba que hoy conocemos: una danza de pareja suelta e independiente, donde el pañuelo se convierte en un elocuente protagonista y la coreografía dibuja un sutil juego de acercamiento y alejamiento entre los bailarines.

La provincia de Salta ocupa un lugar central en la historia y la identidad de la zamba. Es en esta tierra donde nacieron y se consagraron muchos de los más grandes compositores e intérpretes del género, y donde la zamba forma parte intrínseca de la vida cotidiana y las celebraciones.

La zamba salteña se caracteriza por su profunda emotividad, se destaca también por su estilo carpero, pero en definitiva sus melodías melancólicas y a la vez apasionadas, y la fuerte conexión con el paisaje y la cultura local. Las letras de las zambas salteñas a menudo evocan la belleza de sus valles, montañas y ríos, así como las costumbres, los personajes y la historia de su gente.